
En el último tiempo, se ha podido observar cómo el ser madre o padre se ha vuelto un trabajo más “exigente”. Esto se puede ver reflejado en cómo cada vez es más común que los padres estén pendientes de satisfacer todas las necesidades de sus hijos, temiendo la insatisfacción de estos e impidiendo su frustración. El modelo de la madre o el padre perfecto es el de alguien que es capaz de detectar toda angustia en su hijo y acabar con ella como si fuera un virus. Este estándar, lejos de ser posible, también está lejos de ser perfecto.
Winnicott y su teoría de la “madre suficientemente buena”
En 1953, Donald Winnicott se dio cuenta de esto y desarrolló la teoría de la “madre suficientemente buena”. Para Winnicott, la madre ideal es aquella que en un comienzo se adapta en su casi totalidad al bebé, para luego, a medida que pase el tiempo, adaptarse cada vez menos hasta que se alcance un cierto grado de autonomía. Según esta definición, la meta de una madre no es evitar el disconfort del hijo, sino más bien el “sostenerlo”. El motivo por el que escogió la palabra suficiente, es porque Winnicott entendía que no todas las necesidades del niño podían o debiesen ser satisfechas. El suficiente apunta a un rol que permita la angustia, y más importante, el dar las bases para que sea posible tolerarla. En este punto se puede relacionar dicha función con lo que describe Mary Ainsworth como apego seguro en su experimento de la “situación extraña”. En este experimento, los padres que generan un apego seguro en sus hijos son aquellos que si bien al dejar solo a su hijo este se pone triste, cuando vuelven el niño es capaz de autorregularse. Es decir, existe la posibilidad de que se pueda experimentar el displacer y la angustia desde un lugar “seguro”, que permita elaborar y tolerar estas emociones para que más adelante el niño pueda experimentar su ambiente con seguridad.
Con estas teorías queda en evidencia cómo la falta de algo en un niño, es algo necesario y esencial para su adecuado desarrollo. Ya sea una necesidad insatisfecha que permite la introducción de la angustia; o la falta de la presencia y seguridad paternal. Esta última es de suma importancia, en cuanto permite que las personas busquen satisfacción más allá de sus padres, ya sea con una pareja, amigos o una carrera profesional. Con esto, claro está, no se quiere promover el abandonar a los niños cuando se pongan a llorar. Más bien, la idea es no entrar en pánico si esto sucede, ya que, como se introdujo en un comienzo, existe el temor y la creencia cada vez más común de que para ser un padre “perfecto” se debe evitar el llanto y displacer de los niños. No obstante, lo que proponen estas teorías es justamente que para ser un padre perfecto, tal vez solo se necesita ser suficiente.
Vigotsky y la teoría de zona de desarrollo proximal
Asimismo, esto está estrechamente relacionado con la zona de desarrollo proximal descrita por Vigotsky. Esta explica cómo el aprendizaje se da mayormente cuando el sujeto todavía no puede realizar una tarea de manera autónoma, pero sí puede hacerlo con guía, apoyo o colaboración. Con el tiempo, las habilidades para llevar a cabo dichas tareas se internalizarían y pasarían a formar parte de sus capacidades independientes. Esta definición se puede relacionar con las dos teorías antes explicadas. Ambas apuntan a lo mismo: la importancia de sostener la frustración, de permitir que los niños se angustien y no entregarles todo esperando a que no lo hagan. En el ámbito del aprendizaje esto es clave, ya que al igual que en el plano socioemocional, solo a través de ser capaz de soportar la falta de algo, es posible que los niños sean capaces de tomar acción. Se podría hipotetizar que la zona de desarrollo proximal está en ese punto en que existe cierta incomodidad. Un punto en el que si bien se abre la posibilidad de adquirir conocimiento, es necesario soportar la angustia del esfuerzo que requiere adquirirlo. No existe zona de desarrollo proximal sin esfuerzo, y no existe esfuerzo sin dificultad.
Desarrollo cognitivo y frustración
Lo mismo se podría decir para ciertas funciones cognitivas. Como se explica en Cerebros dispersos: por qué tu mente huye y cómo traerla de vuelta la atención se puede trabajar, pero la única forma de hacerlo es a través de la estimulación cognitiva. En base a esto, se podría ampliar el concepto de “madre suficientemente buena” a uno que no solo admita el sostén del desarrollo socioemocional, sino uno que incluya toda la mente humana para fomentar su desarrollo. De esta forma, permitir la angustia de una forma segura en la infancia también puede potenciar tanto la atención como al resto de las funciones cognitivas, especialmente si se tiene en cuenta la teoría de la zona de desarrollo proximal. Es decir, un padre o una madre suficientemente buena es una que puede mediar la frustración en el desarrollo cognitivo, que permite que su hijo no sepa y que busca ayudarlo ahí donde no puede seguir por su cuenta. Por ejemplo, fomentar la lectura autónoma desde edades tempranas por mucho que un niño o niña prefiera que se lo lea su padre o madre. De ser necesario, se le puede ayudar cuando no entienda cierta palabra o cuando se perciba que no puede seguir por su cuenta, pero es necesario que exista algún nivel de incomodidad antes de que esa ayuda tenga lugar. Esto permitiría una primera aproximación al trabajo de las funciones cognitivas a través de la zona de desarrollo proximal.
Conclusión
Ser un padre “suficientemente bueno” no significa ser indiferente frente al malestar de los hijos, sino comprender que crecer implica inevitablemente atravesar ciertas frustraciones, dificultades y momentos de angustia. La tarea de los padres no consiste en eliminar todo displacer, sino en ofrecer un espacio seguro desde el cual este pueda ser tolerado y elaborado. Intentar satisfacer constantemente todas las necesidades del niño puede parecer una forma de cuidado, pero también puede impedir el desarrollo de herramientas fundamentales como la autonomía, la tolerancia a la frustración y la capacidad de enfrentarse al mundo por cuenta propia.
Tanto Winnicott como Vigotsky apuntan, desde distintos lugares, a una idea similar. Winnicott plantea que el desarrollo saludable surge cuando existe un otro capaz de sostener emocionalmente al niño sin evitar toda incomodidad. Vigotsky, por su parte, muestra que el aprendizaje ocurre precisamente en ese espacio donde el niño todavía no puede solo, pero sí puede avanzar con apoyo. En ambas teorías existe un elemento común: el desarrollo necesita de un cierto grado de dificultad.
Un padre suficientemente bueno no es aquel que resuelve todo antes de que aparezca la angustia, sino aquel que acompaña al hijo mientras aprende a atravesarla. Porque solo cuando existe algo de falta, de esfuerzo o de incertidumbre, puede aparecer también la posibilidad de crecer.
Gregorio Vergara
Psicólogo
Referencias
Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E., & Wall, S. (1978). Patterns of attachment: A psychological study of the strange situation. Lawrence Erlbaum. Recuperado de: https://mindsplain.com/wp-content/uploads/2021/01/Ainsworth-Patterns-of-Attachment.pdf
Vygotsky, L. S. (1978). Mind in society: The development of higher psychological processes. Harvard University Press. Recuperado de: https://home.fau.edu/musgrove/web/vygotsky1978.pdf
Winnicott, D. W. (1953). Transitional objects and transitional phenomena. International Journal of Psycho-Analysis, 34, 89–97. Recuperdado de: https://www.sas.upenn.edu/~cavitch/pdf-library/Winnicott%20Transitional.pdf?ref=popsugar.com&=___psv__p_49424326__t_w



