Previamente, habíamos comentado sobre la importancia de evaluar las diversas IAs preguntándonos si es que su uso es un aporte o no para el aprendizaje. Ahora, queremos explorar una posibilidad más concreta: escribir con IAs. Específicamente, vamos a plantear lo que consideramos son las pautas necesarias para lograr hacer evaluaciones que incluyan la escritura con chatbots.

Letter Word Text Taxonomy by Teresa Berndtsson

Principalmente, tenemos dos razones que nos impulsan a plantear esto: en primer lugar, escribir con IAs se ha convertido en uno de los principales usos y desafíos (evitaremos decir peligros) en la educación a nivel escolar y universitario. En segundo lugar, para poder utilizar este tipo de inteligencias artificiales se precisa de la escritura, algo que parecerá muy evidente, pero queremos enfatizarlo dado que es importante aprender a escribir prompts para conseguir los resultados deseados, como ya habíamos señalado anteriormente. Si es que reconocemos la importancia de aprender este tipo especializado de escritura, podremos fomentar un uso pedagógico de ella y tendremos las habilidades técnicas para poder cumplir nuestro rol como mediadores.

Del sin sentido de escribir con IAs

Para partir, queremos comenzar por la “Guía de escritura con ChatGPT para estudiantes” de OpenAI. Después de dos años de ofrecer al público su ChatGPT, la empresa que había recibido un sin número de críticas desde el mundo de la educación, decidieron publicar una lista con once formas para, según ellos, “profundizar en el proceso de aprendizaje” usando su software. Un análisis de estas estrategias nos permite dar cuenta de que, por un lado, se busca simplificar y facilitar ciertos procesos de la escritura: armar una bibliografía en algún formato como APA o MLA, buscar fuentes (aunque advierten el problema de las alucinaciones y la importancia de ir a las fuentes originales), ayudarte a tener una comprensión básica del tema y atar cabos sueltos al investigar sobre “temas complejos”.

Por otro lado, están las recomendaciones que buscan impulsar el pensamiento crítico y pulir la escritura: utilizar el chat para retroalimentaciones, aplicar el método socrático, probar una tesis y sus posibles argumentos/contrargumentos, revisar la estructura y coherencia lógica de tu texto, comparar tus ideas con un “pensador/a”. En síntesis, señalan al inicio del texto: “Si se utiliza con criterio, ChatGPT puede ser una herramienta poderosa para ayudar a los estudiantes a desarrollar habilidades de pensamiento riguroso y escritura clara, ayudándolos a analizar ideas, dominar conceptos complejos y recibir retroalimentación sobre sus borradores.” Y si bien todo esto suena bastante atractivo (¿quién no quiere un tutor de escritura 24/7?), el problema de los LLMs y los consejos de escritura de esta guía, citando el análisis de David Nelson:

es su función homogeneizadora y su falta de diálogo interpersonal dinámico. Esta guía obvia la discusión humana y la ideación lenta y meditada a través de la escritura. Se elimina total e intencionadamente a otras personas de cada paso, conduciendo a los estudiantes hacia conocimientos y creencias insulares formados sin otro propósito que el cumplimiento de la tarea, avalados por una máquina de predicción. Es difícil imaginar cómo esta guía puede contribuir a que los alumnos contribuyan al discurso escrito de nuestra compleja y cambiante sociedad.

Consideraciones para escribir con IAs

A partir de la crítica anterior, nos encontramos con la pregunta fundamental al momento de pensar en cómo escribir con IAs: ¿qué es lo que queremos lograr con su incorporación a los procesos de enseñanza-aprendizaje? En un primer caso, es necesario pensar cuáles son las evaluaciones que estamos implementando y asumir que puede que ya no sean funcionales al contexto actual. Cuando un software puede escribir un ensayo en pocos segundos, pensar en esta evaluación para evaluar la escritura de los y las estudiantes no resulta muy efectivo. Tal vez, como señala Watkins, estamos esforzándonos en mantener un modelo educativo que fue diseñado para otra época; lo más importante es hacer entender porqué y cómo escribimos. Esta tarea debe ser coconstruida entre profesores/as y estudiantes: solemos caer en omisiones que si bien han estado siempre presentes, las IAs hacen más evidentes.

Por ejemplo, podríamos pensar un experimento simple en el que le hacemos una serie de preguntas a nuestras estudiantes: ¿porqué es importante escribir un ensayo?¿qué implica hacer investigación sobre un tema?¿cómo identificas, al momento de escribir, cuáles son tus ideas y cuáles las que estás citando? También, podríamos hacernos una serie de preguntas sobre las tareas de escritura: ¿por qué pedir una escritura estandarizada/modelo?¿qué objetivo queremos cumplir al realizar este tipo de trabajos?¿cómo confiar en una evaluación que se puede escribir con IAs fácilmente? Estas preguntas, entre varias más que podemos plantearnos, apuntan a pensar de qué forma nos mantenemos dentro de ciertos parámetros que en el mundo actual ya no funcionan. En concreto, cuando caemos en establecer evaluaciones que tienen fórmulas preestablecidas de escritura (ensayo de 5 párrafos: el primero con la introducción, del segundo al cuarto los argumentos y el quinto con la conclusión), las IAs hacen un gran trabajo.

Comenzar a escribir con IAs

Uno de los factores más complejos y, creemos, motivantes de este nuevo escenario es que las investigaciones están recién comenzando. En la línea que hemos planteado, Beck y Levine (2024) plantean desplazar el foco de tareas escritas en formas canónicas y estandarizadas (como el ensayo de análisis literario) hacia una escritura que tenga otros propósitos como textos que busquen atender las preocupaciones sociales y políticas de los y las jóvenes. El mismo estudio describe cómo las colaboraciones con IAs pueden fomentar el compromiso emocional (el placer espontáneo y el humor), un elemento central para humanizar la enseñanza de la escritura. Además, señalan la importancia de que el objetivo de la escritura sea planteada por los y las estudiantes para mantener el “control autorial”. Por otro lado, advierten de la necesidad de mantenernos al tanto de los peligros de considerar las respuestas de estos programas como ‘verdades’ y que en estos chats tienen mayor conocimiento que ellos. Es decir, enfatizan en que debemos enseñar a cuestionar las respuestas que se generan al usar un LLM.

Esto debe considerarse a través de lo que Ng y Graham (2025) nos recuerdan en relación a la importancia de reflexionar sobre cómo estamos enseñando la escritura, sobre todo al considerar factores como el tiempo destinado a su enseñanza y realizar este tipo de actividades, como el uso poco frecuente de estrategias de instrucción basadas en evidencia. De ello, podemos plantear que la automatización de tareas que ofrecen estos programas no siempre serán beneficiosas, todo depende de cómo las mediemos. Un ejemplo concreto de buenas prácticas lo encontramos en el estudio de Steiss et al. (2024), quienes señalan cómo la retroalimentación inmediata que pueden proveer estos programas es muy beneficiosa para las primeras etapas de la escritura. Sin embargo esto no puede lograrse sin un cambio en el ecosistema educativo.

Un buen ejemplo de esto lo encontramos en Elstad y Eriksen (2024). En una búsqueda por evitar la deshonestidad y falta de integridad académica, se plantea que la IA puede ser un apoyo para el momento en que los y las estudiantes están atascados en su proceso de escritura. La IA generativa puede ayudar a generar ideas o argumentos, lo que puede impulsar el proceso de escritura y conducir al descubrimiento de nuevos aspectos de su voz. Incluido en este proceso la incorporación de contraargumentos, lo que los autores recomiendan dado que permite que un/a estudiante tenga la capacidad de analizar un mismo fenómeno desde varias perspectivas. En este sentido, recomiendan en concreto el uso de IAs para el proceso de pre-escritura y de revisión/edición posterior a escribir un primer borrador del texto.

Sin embargo, en lo que se refiere a la etapa de escritura en sí, señalan que es mejor que se omita su uso dado que no se evidencia que realmente sean un aporte al proceso y se cae en el riesgo de que su estilo y voz, sea reemplazada por lo que formulan estos programas. En específico, los LLM suelen presentar patrones repetitivos, frases superfluas, una tendencia a narrar en tercera persona, limitaciones en las elecciones de verbos, transiciones estandarizadas y conclusiones exageradas. Más preocupante aún es lo que hemos mencionado más arriba (y que también es un factor común en los diversos estudios revisados): la invención de fuentes y la incorporación de hechos ficticios. En síntesis, los aportes de escribir con IAs generativas se evidencian en las etapas previas del proceso en sí (pre-escritura y post-escritura) y sus riesgos aparecen en la escritura como tal.

Buenas prácticas para escribir con IAs

  1. Redefinir la función de la tarea: ¿qué queremos evalúar realmente al enseñar el uso de IAs? Esto invita a romper con fórmulas tradicionales y a que co-construyamos con el estudiantado nuevos formatos con propósito social, político o personal situados en nuestro contexto. Debemos plantearles de manera concreta: ¿por qué escribimos esto?, ¿qué aprendizajes buscamos?, ¿cómo distinguimos nuestras ideas de las ajenas?, para  así clarificar intenciones y criterios.
  2. Control autorial y ética digital: en relación a lo anterior, es fundamental trabajar la escritura sin IAs y guiar en cuestionar las respuestas de estos programas (verificar datos, confirmar citas/fuentes y detectar “alucinaciones”).
  3. Prompts efectivos y metacognición: modelar y practicar la escritura de prompts claros que sean funcionales al objetivo de la tarea, evitando que sean las IAs las que hagan el trabajo que queremos que desarrollen los y las estudiantes. En este sentido, incorporar a la evaluación el diseño de prompts, la calidad del borrador inicial (sin IA), la edición del texto, la verificación de fuentes y la reflexión final, permite una evaluación del proceso y no solo del producto final.
  4. Uso estratégico de las IAs en el proceso de pre- y post-escritura, y evitar su uso para escribir: usemos los chatbots para las fases de planificación y edición; al escribir el primer borrador, dejemos el trabajo a nuestros/as estudiantes.

Alejandro Rossi
Ph.D. en Español
Universidad de California, Davis

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