Es muy probable que al momento de leer estas palabras hayas tenido la oportunidad de enfrentarte a múltiples aplicaciones de IA que proliferan para ayudarnos a realizar nuestra labor docente. También es muy probable que los nuevos softwares sean un desafío al momento de planificar tus clases, diseñar actividades desafiantes y crear evaluaciones que no sean fácilmente realizables por ellas (como escribir textos). La masificación de tecnologías de inteligencia artificial en nuestra sociedad va aumentando con creces y puede ser complejo tomarse el tiempo para pensar en las formas en que nos pueden resultar útiles y, al mismo tiempo, dejar de lado las visiones utópicas y/o distópicas que se presentan. Entonces, la primera pregunta que debemos plantearnos es la siguiente: ¿cuál es el mejor camino a seguir frente a las IAs en la educación? La respuesta más honesta a esta pregunta es: depende. Asumiendo que esta no dejará contento a nadie, quiero plantear de forma concreta una serie de factores para determinar cuál podría ser una resolución más satisfactoria que dependerá de las necesidades de cada persona.

Antes de centrarse por completo en esto, tenemos que dejar en claro dos cosas: en primer lugar, es fundamental que los y las educadoras seamos parte central del debate y aplicación de estas tecnologías. Por ello, es muy importante que podamos mantener un aprendizaje activo, constante y crítico de los cambios tecnológicos que estamos viviendo como sociedad y, en nuestro caso, como docentes. En segundo lugar, nos centraremos en cuáles son las pautas para incorporar IAs en el aula y así poder delimitar cuando ellas son un aporte para el aprendizaje. Para ello, es fundamental enfatizar nuestro rol de mediadores: nuestra labor no es solo transmitir información, sino guiar el aprendizaje, estimular la reflexión y proporcionar estrategias para que los estudiantes construyan su propio conocimiento. Para Feuerstein (2010), el mediador no se limita a exponer contenido, sino que busca mejorar la capacidad del aprendiz para modificar sus estructuras cognitivas, fomentando la independencia y la adaptabilidad. A través de este enfoque, los docentes podemos transformar a los y las estudiantes de receptores pasivos en generadores activos de conocimiento, capaces de interactuar críticamente con la información y adaptarse a nuevos desafíos educativos​, como lo son el uso de las tecnologías de inteligencia artificial.

En este sentido, la primera actitud que deberíamos comenzar a adoptar es comprender que las tecnologías de IA son parte del panorama educativo actual más allá de que lo queramos o no. Por ello, pensar en cómo integrar estas herramientas para que estimulen el aprendizaje más que evitarlo es fundamental. De manera general, Potkalitsky (2025) menciona que efectivamente hay mucho en juego con la llegada de las IAs, como la integridad académica, el pensamiento crítico, la capacidad de profundizar en las ideas. Sin embargo, más que considerar y aplicar medidas que busquen evitar el uso de estos programas por parte de los y las estudiantes, señala que nos planteemos el problema desde otras perspectivas:

  1. ¿Qué pasa si tomamos medidas proactivas para activar nuevas vías de aprendizaje?
  2. ¿Qué pasa si dejamos de centrarnos en controlar la IA y nos centramos en repensar cómo debería ser el aprendizaje en un mundo integrado por la IA?

Considerando estas dos preguntas, cada docente debería preguntarse al momento de planificar, diseñar y evaluar lo siguiente: ¿qué es lo que puede hacer una IA y qué no? Por ejemplo, si sabemos que estas tecnologías pueden desarrollar ensayos de alta calidad argumentativa (sobre todo si la alimentamos con múltiples fuentes), sería necesario que nos replanteemos si este es un tipo de evaluación efectivamente permitirá evaluar el aprendizaje de mis estudiantes. La respuesta más honesta y directa es no, y muchos ya nos hemos enfrentado a esta situación. A pesar de lo anterior, esto no significa que las múltiples habilidades que podemos desarrollar con este tipo de evaluación queden descartadas. Por un lado, podemos hacer cambios de formato y hacer presentaciones orales que requieran de una capacidad que no podrá ser realizada por una IA. También, los chatbots como ChatGPT funcionan como interlocutores que pueden desafiar nuestra concepción de mundo y mostrarnos nuevas perspectivas frente a diversas situaciones/argumentos. Por otro lado, son un lector que está disponible para retroalimentar nuestro trabajo cuantas veces queramos. En relación a lo anterior, podemos dar espacio para establecer una discusión ética que permita dar cuenta de la importancia de la integridad en el mundo escolar y profesional. Conversación que, recordemos, siempre debe estar presente en las comunidades educativas, con o sin inteligencia artificial de por medio.

 

Un ejemplo concreto de cómo podemos incorporar la IA en el aula sin dejar de lado el aprendizaje es a través de un debate argumentativo asistido por un programa como ChatGPT. En esta actividad, los estudiantes exploran un tema relevante (como el impacto de la IA en la educación) y utilizan una herramienta de inteligencia artificial para recopilar información y evaluar diferentes perspectivas. En lugar de depender de la IA para respuestas finales, la utilizan como punto de partida para generar ideas, cuestionarlas y refinar sus argumentos. Luego, deben analizar críticamente la información obtenida, identificar posibles sesgos y contrastarla con otras fuentes. Finalmente, presentan sus posturas en un debate en vivo, defendiendo sus ideas y respondiendo a las objeciones y comentarios del resto de la clase. De esta manera, la IA se convierte en una herramienta de apoyo, pero el aprendizaje sigue estando centrado en el desarrollo del pensamiento crítico, la argumentación y la comunicación efectiva. Al mismo tiempo, se abre un espacio para reflexionar sobre el uso ético de la tecnología y su impacto en la educación, lo que permite a los y las estudiantes no solo aprender sobre la IA, sino aprender a interactuar con ella de manera responsable y estratégica.

En este proceso de incorporación y enseñanza ética del uso de estas tecnologías, mediar el proceso de reflexión de nuestros estudiantes es fundamental. La guía para estudiantes de AI for Education puede ser una buena pauta por donde partir:

Basándonos en ella, podemos diseñar actividades que fomenten el aprendizaje más que eliminarlo, uno de los grandes miedos a los que nos enfrentamos al usar estas tecnologías. Por esto, es importante que podamos establecer normas claras sobre cuándo y cómo usar inteligencias artificiales y exponer las razones que las justifiquen. Junto a esto, pedirles a nuestros estudiantes que sean claros y explícitos en los usos que le estén dando a ellas es parte de las nuevas prácticas que debemos incorporar a la cultura académica.

A modo de síntesis, evaluar si una herramienta de inteligencia artificial es un aporte real para la enseñanza dependerá de la respuesta que le demos a la siguiente pregunta: “¿esto que puede hacer la IA, aporta al aprendizaje de mis estudiantes?”. En este sentido, el uso de estas tecnologías es positivo cuando potencia habilidades que queremos desarrollar: ya sea la comprensión lectora, la capacidad de síntesis, el análisis de distintas perspectivas o la elaboración de ideas propias a partir de la retroalimentación, etc. Una buena forma de ser estratégicos al momento de evaluar una IA es sopesar si esta fomenta la autonomía, si facilita la interacción significativa con los contenidos, si permite un aprendizaje más profundo o si, por el contrario, solo acelera tareas mecánicas sin mayor valor pedagógico. Este análisis no puede hacerse al margen del rol docente: somos quienes mediamos el uso de estas herramientas, guiando su integración con propósito pedagógico y sentido formativo. Incorporar inteligencia artificial en el aula de forma positiva implica que esta esté al servicio del pensamiento crítico, de la reflexión y del desarrollo cognitivo de nuestros estudiantes, no que lo reemplace ni lo reduzca.

Finalmente, el verdadero desafío que enfrentamos no es si la inteligencia artificial debe o no estar presente en nuestras aulas, sino cómo la integramos de manera intencionada, ética y pedagógicamente significativa. Como profesores y profesoras, no estamos llamados a competir con estas tecnologías, sino a convertirnos en mediadores que guíen su uso crítico, adaptado a nuestras realidades escolares y centrado en el aprendizaje de los y las estudiantes. Esto implica abrir espacios para la reflexión, diseñar experiencias que vayan más allá de la simple reproducción de contenidos y establecer una cultura de diálogo en torno a la tecnología. La IA, por sí sola, no enseña ni forma ciudadanos críticos: eso sigue siendo una responsabilidad irremplazable de la educación. Por ello, más que resistir su presencia, necesitamos formar criterio para decidir cuándo, cómo y para qué vale la pena utilizarla.

Alejandro Rossi
Ph.D. en Español
Universidad de California, Davis, USA

Referencias

AI for Education. (2024, January 16). Student guide for AI use. AI for Education. ​

Feuerstein, R., Feuerstein, R. S., & Falik, L. H. (2010). Beyond Smarter: Mediated Learning and the Brain’s Capacity for Change. Teachers College Press.

Potkalitsky, N. (2024, March 20). Beyond AI Cheating: Rethinking Learning and Assessment in the Age of Artificial Intelligence. Substack. https://nickpotkalitsky.substack.com/p/beyond-ai-cheating-rethinking-learning

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