Cuando los niños juegan y los oigo jugar, algo en mi alma comienza a alegrarse… 

Fernando Pessoa

Investigar con las niñeces: ¿Cómo armar las piezas de un Mosaico?

Existe una ausencia de estudios, a nivel de política pública, que consulten directamente a niños y niñas menores de 8 años sobre infancia, educación y bienestar. Así lo revela la última investigación con niñeces en Chile, liderada por la doctora en Educación Mónica Manhey. En el estudio «Escuchando las voces de los niños y niñas para la transformación», se recoge las perspectivas de 105 niños y niñas entre 4 y 8 años de la Región Metropolitana sobre la educación que desean y sueñan. 

Los resultados muestran que ellos y ellas sueñan con una sociedad y escuela anhelada, caracterizada por la fantasía, el juego, el asombro, los vínculos y la naturaleza como elemento trascendental para su desarrollo. Las niñeces también exigen tiempos lúdicos expandidos y más espacios al aire libre, algo bastante alejado del sistema rígido y estructurado en el que actualmente viven y educan. Estos antecedentes, más que vacíos de investigación, marcan un punto de inflexión: durante décadas se ha investigado sobre las niñeces, pero sin ellas.

Niñeces como sujetos de derecho

Cuando nos referimos a la “niñez” o “niñeces” (siendo este último un término más acuñado a la investigación actual) como concepto, buscamos comprenderla desde un componente estructural y de acción. Su rol en nuestro sistema ecológico debe ser percibido no como seres pasivos y dependientes exclusivamente de sus familias (Qvortrup, 2009). Así lo planteó, ya en la década de los 80, Christopher Jenks, quien en 1983 publicó el libro The Sociology of Childhood. En este compendio se sostiene que las niñeces deben ser consideradas como agentes de cambio, sentando las bases para que, seis años más tarde, la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) estableciera principios sobre la infancia: niños, niñas y adolescentes deben ser considerados como sujetos plenos de derechos y deberes, desarticulando las premisas de “niños y la mirada adulta” y fomentando un nuevo camino para la investigación de la niñez (Hart, 1993). Entonces, si las niñeces son sujetos activos en la sociedad, ¿por qué seguimos investigándolas con herramientas que usamos para investigar con adultos? ¿Cómo se traduce esta declaración de principios en una práctica metodológica legítima?

¿Cómo armar las piezas de un Mosaico?

Frente a las interrogantes planteadas, encontramos el Método Mosaico o Enfoque Mosaico, desarrollado por Alison Clark y Peter Moss (2005). Esta metodología de investigación incorpora técnicas de producción de información que consideran un grado de participación activa, donde los niños y niñas puedan iniciar y dirigir las actividades y en el que las decisiones son solo compartidas con los adultos (Hart, 1993). De igual manera, permiten incorporar la voz de los niños y niñas en temáticas que históricamente han sido definidas por los adultos. Cada técnica funciona como piezas de un mosaico que permiten componer una imagen más válida, objetiva y confiable de la niñez.

En la experiencia del focus group en el colegio San Juan Evangelista, pusimos en práctica técnicas y actividades que, en primer lugar, deben situar al niño como un investigador e informante, realizando una especie de desprendimiento del rol adulto-investigador para vincularnos con los niños y niñas en su ambiente. En este caso, el ser profesora de este grupo de niños y niñas permitió un grado de cercanía y vinculación mayor, generando una sintonía y clima adecuado para el encuentro. A continuación, detallamos el paso a paso de cómo las piezas de este mosaico se fueron armando:

  1. Entrega de consentimientos a las familias, comunicando el objetivo y alcances de la actividad.
  2. Niños y niñas acceden voluntariamente a participar de la investigación, firmando sus asentimientos, en los que se les comunican los objetivos y se les consulta si desean compartir fotografías, dibujos o si sus relatos pueden ser utilizados en la investigación.
  3. Diseño de actividades tales como: cuentacuentos, dibujos, toma de fotografías (por ellos), focus group sobre una temática atingente, como en este caso el día de la niñez.
  4. Co-construcción de la información, volviendo a conversar con los niños y niñas sobre el significado de sus dibujos o frases
  5. Socialización de los resultados de la actividad o investigación con las familias y los niños y niñas participantes.

Cada una de estas técnicas no son solo actividades anecdóticas, sino que se trata de un método validado, cuyo resultado fue un análisis de contenido organizado en cuatro categorías: (a) la niñez como etapa de libertad, juego y disfrute, (b) los vínculos y espacios que hacen feliz la niñez, (c) ser niño frente al mundo adulto y (d) ser comprendido y reconocido por los adultos. Estas categorías, aunque surgen en un determinado contexto, dialogan casi textual con lo que ya había revelado la investigación de Manhey a nivel nacional. Distintas realidades, incluso hasta distintas edades, nos dan luces de grandes ejes articuladores que podrían orientar, por ejemplo, una política pública, una actividad escolar, una dinámica o rutina en el hogar. Esto no es casualidad, es evidencia de que cuando se les pregunta y escucha con respeto y se utilizan métodos adecuados, los niños y niñas insisten, interpelan y declaman visibilización y que su capacidad de acción en el mundo de los adultos es altamente posible.

Cuando los niños investigan y los oigo hablar, algo en mi alma comienza a transformarse…

En Chile, las investigaciones de Daniela Jadue, Pablo Rupin, Benjamín Gareca, entre otros, han sido pioneras en la aplicación del Enfoque Mosaico, demostrando que las niñeces son capaces de cuestionar y participar desde un enfoque de derechos y no solo ser objeto de estudio. La problemática entonces no es tanto la falta de investigación, sino su escasa consideración en la política pública. 

Esta experiencia, en lo personal, fue profundamente reveladora. Esta transformación y desprendimiento del rol adulto-investigador para pasar a ser, simplemente, receptora, es un ejercicio que constantemente debemos hacer cada vez que nos sintonizamos de verdad con lo que un niño o niña nos quiere decir. Transformar esa escucha en un acto cotidiano es, quizás, el verdadero desafío que deja este mes de la niñez. No basta con conmemorarla un día del año, se trata de sostener por 365 días, una sociedad que les permita cuestionarse, manifestarse y proponer, desde lo que siempre han sido: sujetos plenos de su propio presente. 

De esta manera, despedimos este mes de la niñez con un acto democrático, pleno y legítimo. Cada voz escuchada es una pieza y cada acción, el mosaico que aún nos falta por terminar.

Carla Sepúlveda Toro

Magíster en Desarrollo Cognitivo

Profesora de Inglés Colegio San Juan Evangelista

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