Una noche no especialmente diferente de las otras, uno de tus padres decide leerte un cuento antes de dormir. Puede ser que la intención haya sido, inicialmente, que lograras quedarte dormido o simplemente consentirte una última vez antes de que acabase el día. La verdad es que la mayoría de las personas suelen tener una introducción similar a los cuentos. A esta no suele dársele una mayor importancia, pero su valor para el niño y el adulto es inestimable, y como es explicado detalladamente por Bettelheim, producido por distintas y variadas razones.
Valor Estético
Comenzando por la cualidad artística de los cuentos, estos son fundamentalmente y antes que nada, una obra de arte. Es decir, tienen un valor en sí mismos por su propia naturaleza artística. Dicho aspecto de los cuentos es de suma importancia, ya que es justamente el factor artístico lo que suele cautivar a niños y adultos para que se embarquen en la historia, sumergiéndose en un nuevo mundo y sentir las penas y alegrías de los distintos personajes.
De lo contrario, si por ejemplo se le leyera a un niño un ensayo sobre algún asunto relevante de la infancia, por mucho que esté escrito en un lenguaje simple, este no recordaría nada al respecto. Es decir, no tendría el mismo impacto. No es secreto que los cuentos dejan marcas en todas las personas. Este impacto es de tal importancia, que adultos de todas las edades son capaces de recordar precisamente el haberlos escuchado en su más temprana infancia. Con esto empieza a explicarse un valor fundamental que tienen las historias en los humanos, ya que dicho medio ha sido probado a lo largo de la historia de la humanidad como uno de los más efectivos para adquirir nuevos tipos —y muy variados, por cierto— de conocimiento.

Imagen recogida de Canva
Valor Práctico
Antes de reflexionar acerca de la marca que dejan los cuentos en lo más profundo de la mente humana, es importante mencionar un fin no menor de estos. Dicho fin es más de carácter práctico. Y es que los cuentos han sido un medio de aprendizaje desde tiempos inmemoriales. Muchas de las lecciones fundamentales para ser capaces de conservar nuestra integridad física se aprenden, en primera instancia, a través de un cuento.
Por ejemplo, en una de las más famosas historias de la humanidad, una niña con capa roja se adentra en un bosque en el que aparece un lobo. Cualquier persona que se encuentre a un lobo —descrito como un ser con dientes afilados y hocico grande— siente miedo de dicha criatura. Esto podría ser interpretado, en la más temprana infancia, como el peligro que implica ser un niño y estar solo con extraños, lo cual es una lección fundamental que es constantemente repetida por los padres con el fin de mantener la integridad física y mental de sus hijos.
Hay múltiples ejemplos de este estilo, sobre todo en los cuentos de los hermanos Grimm. Estos son muchas veces criticados por la crudeza de los mundos que presentan, pero —y sin querer entrar en este debate en específico— suelen tener un mensaje no menor. Y es que el mundo real está repleto de peligros y personas dispuestas a cometer actos horribles. Debido a esto, las enseñanzas que traen los cuentos acerca de cómo sobrevivir en un mundo con tales amenazas cobran un valor aún mayor cuando una historia es capaz de mostrar, a través de la fantasía, las más oscuras verdades a las que todo el mundo inevitablemente se ve enfrentado en algún momento.
Valor Social
Además, los cuentos e historias tienen un valor que va más allá de responder a necesidades prácticas. Los cuentos también responden a las necesidades sociales. Un buen ejemplo de esto es el desarrollo de la moral. Este ha sido clasificado por Kohlberg, el cual describe la moral propia de la infancia como “preconvencional”, es decir, guiada por un individualismo en el que se busca evitar el castigo.

Teniendo esto de base, se desprende que a un niño no se le va a lograr convencer de que algo se debe hacer por ser lo “correcto”. Para que un niño sea capaz de internalizar las reglas necesarias para vivir en sociedad, es necesario que primeramente se le expliquen las consecuencias de romper estas, ya que, de lo contrario, no cobra sentido para él lo correcto. Debido a esto, justamente los cuentos —historias en las que la moral se muestra de forma concreta a través de actos y consecuencias— son idóneos para que se desarrolle un sentido moral adecuado.
Esto se puede ver reflejado en cómo los héroes de las historias suelen tener la “suerte” de su lado, mientras que los villanos usualmente son víctimas de desgracias. Un ejemplo concreto de esto ocurre en el cuento de los hermanos Grimm “Los músicos de Bremen”. En este cuento, un burro ya muy viejo para seguir trabajando decide convertirse en músico e ir a la ciudad de Bremen para cumplir su sueño. En el camino, recluta a distintos animales que se encuentran en situaciones similares, y así, tras la valiente decisión de dar un giro a sus vidas en busca de algo mejor, el destino les depara una serie de hechos afortunados. Entre ellos, logran encontrar refugio y comida justo cuando más lo necesitaban, gracias a un malentendido con unos ladrones que, por una cadena de sucesos aparentemente fortuitos, terminan huyendo y dejando su botín al burro y sus nuevos amigos.
Este relato muestra de forma implícita cómo el actuar correctamente —ayudando a otros y buscando una vida digna de forma honesta— conduce a resultados positivos. A la vez, sugiere que las acciones moralmente cuestionables —como robar— traen consigo un “castigo”, representado en los cuentos mediante consecuencias negativas que parecen “casuales”. De este modo, el niño comienza a construir una concepción del mundo acorde al nivel preconvencional de la moral descrito por Kohlberg: aprende a actuar correctamente, no por principios éticos profundos, sino porque lo “correcto” es lo que trae beneficios o evita consecuencias negativas.
Conclusión
En definitiva, los cuentos infantiles poseen un valor que va mucho más allá del entretenimiento. Son obras artísticas que logran captar la atención de niños y adultos, permitiendo una inmersión emocional y simbólica que deja huellas profundas en la memoria. Además, cumplen funciones prácticas esenciales: enseñan a reconocer el peligro, a cuidarse y a interpretar el mundo desde una perspectiva accesible para la infancia. También desempeñan un rol fundamental en la formación moral, al mostrar de forma concreta las consecuencias de las acciones, ayudando al niño a interiorizar las normas sociales. De esta forma, los cuentos operan como una herramienta integral de aprendizaje y transmisión cultural, emocional y ética, moldeando la manera en que las personas comprenden la vida desde sus primeros años.
Gregorio Vergara
Psicólogo



